10 oct 2019

Pensé que lo podía contar

Tal vez debería preguntarme por qué me siento más cómoda mirando un vomito en la vereda que un bebé con su papá. 
Se supone que debería preguntarme a mi misma por qué tengo tanta ira, tanto enojo que dirijo mal hacia a personas o situaciones inadecuadas.
Bueno, lo qué pasa es que hace dos años y medio que se murió mi marido y todavía no procesé la bronca que me da que no esté más acá. 
Todavía me acuerdo cada tanto las ganas que me daban de que me pise un auto cuando estaba cruzando la calle.
Pero además de eso toda su familia, toda la que fue mi familia política, dejó de hablarme cuando volví a ponerme en pareja. Supongo que fue por eso, porque hasta donde yo sé no les hice nada. 
Me parece que mi psicóloga ya está cansada de que le hable de ellos. Que piensa que ya debería haberlo superado, pero la verdad es que no. 
Estoy convencida de que a mis viejos les molesta que les diga que todavía sufro. Entonces me cambian de tema o me dicen que ahora “tengo una buena vida”.
En esencia, bastante seguido tengo ganas de decirles a todos que se vayan a la mierda. A mi familia política, a mi psicóloga, a mis viejos y a mi nuevo novio también, por no asumir que yo necesito hablar con él de todo esto, porque ya no me alcanza que me escuche en silencio. 
Pensé que alguna vez iba a escribir todo esto al revés. Desde el principio. Contando cómo lo conocí a Emi, cómo nos enamoramos, cómo cambiamos los dos con la influencia positiva del otro. Cómo se enfermó, primero mi vieja y después él. Cómo la peleó y cómo lo acompañé. Cada vez que pensaba en eso me cansaba. Era imposible contar tanto.
Por momentos quería ponerlo en palabras para que todo el mundo supiera lo que pasamos. relatar cada quimioterapia, cada hospital, cada médico, cada estudio, toda la ansiedad, la desesperación. La desesperación sobre todo. Y después el vacío. 
Pero ahí entendí en concreto esa frase que siempre me pareció hecha, falsa “sólo lo entiende el que lo vivió”. 

No hay comentarios: