Yo sé lo que es haber hablado de qué árboles íbamos a plantar en nuestro jardín y dibujado en hojas y servilletas de papel planos de una casita que no se va a construir. Sé lo que es recordar todos los días de mi vida (más de una vez) a alguien que estuvo más cerca que nadie y ya no está. Sé cómo se sentía despertarme y acostarme con un solo deseo y convivir pensando en sólo una cosa: no perder a la persona que amaba.Después de eso es muy difícil, no, es imposible volver a ser como era antes. Es difícil reconocerme, porque me doy cuenta de que cambié, pero no sé exactamente en qué.Sigo funcionando -eso es verdad- pero aunque no se vea, sé que ahora estoy fallada, rota. Tengo suerte, hay un montón de gente cerca que me quiere y me cuida, a pesar de esa nube oscura arriba de mi cabeza. Tengo todavía más suerte, mi corazón se expandió y pude querer a alguien nuevo, que también me quiere a mi. El mundo sigue girando, todo se sigue moviendo (yo también) pero eso no cambia el hecho de que alguna vez soñé con plantar un jacarandá y verlo crecer desde mi ventana.