- El duelo no es una experiencia lineal.
- No hay un manual para vivenciar el duelo, consejos tampoco. Es mayormente intuición.
- No se puede compartir el dolor con cualquiera.
- Que alguien no exprese su dolor, no significa que no lo sienta. No prejuzgues.
- La empatía es una capacidad de la que se habla mucho pero que se ejercita poco.
- La percepción del tiempo es subjetiva.
- Las vivencias íntimas no pueden medirse temporalmente en forma standard (no existe “un tiempo para cada cosa”, existe “un tiempo para cada persona”).
- Hay experiencias que no es posible describir con palabras.
- La imposibilidad para describir ciertas experiencias con palabras puede hacernos sentir sumamente solos.
- A veces el dolor aísla sin que ni siquiera nos demos cuenta.
- Hay oportunidades en que lo mejor que podemos hacer por otro (o lo único) es escucharlo o compartir su silencio.
- Antes de sacar conclusiones es mejor preguntar.
- El dolor no puede justificar la crueldad.
- Es más fácil culpar que entender.
- Entender es doloroso pero también calma.
- Ante la duda, siempre amor. Porque el amor salva.
10 oct 2019
Ideas propias
Dudas
Pareciera que a muchas personas se les pasa la vida casi sin darse cuenta; que entre obligaciones y cuestiones menores o superficiales el tiempo pasa y cuando llega el momento de partir, les resulta demasiado pronto.
Me pregunto si me pasará lo mismo a mi.
Algunas veces creo que sí. Pero otras me parece que soy excesivamente consciente de mi propia finitud y de la de quienes me rodean.
Desearía que cuando me toque morirme, como nos va a tocar a todos, eso haya servido para algo. Al menos para haber disfrutado despierta, para no distraerme.
Saber que vamos a perder a los que queremos no es algo que se transite tan fácilmente. No es un sentimiento que esté bueno. Pero a mi me pasa, tengo bien presente que voy a perder a mis viejos. Tal vez a mi novio. Ojalá que nunca, a mi hermano.
O ellos van a perderme a mi y quién sabe si alguna vez nos volvamos a encontrar. Si eso sucede, soy consciente de lo tristes que van a estar. Eso lo sé porque yo estuve muy pero muy triste después de haber perdido a alguien.
Todavía lo estoy.
Me parece que de algún modo sentía que mi paso por el mundo, mi ínfima vidita, iba a transcurrir acompañada por un elenco estable, no concebía otra posibilidad. Cuando me di cuenta de la realidad, todo se convirtió en un montón vidrios rotos que ya no se pueden pegar. Pura nostalgia.
Tal vez sea por eso que algunos días, como hoy, siento una tristeza tan grande sin un motivo aparente. No sé qué hacer con esta tristeza, no sé dónde ponerla. Quiero que venga Emi a consolarme y poder decirle las ganas que tengo de que esté acá, que no entiendo cómo es posible que, ya hace dos años y medio, se tuviera que ir.
Me pregunto, también, si esto durará toda mi vida o si en algún momento dejaré de sentirme como me siento.
Si es parte de mi personalidad o es una consecuencia de lo que nos pasó. La tristeza digo.
Capaz que ya era así desde que llegué y no me había dado cuenta. Como una sombra, como el pasto que crece. Como el sol.
Capaz que ya era así desde que llegué y no me había dado cuenta. Como una sombra, como el pasto que crece. Como el sol.
Pensé que lo podía contar
Tal vez debería preguntarme por qué me siento más cómoda mirando un vomito en la vereda que un bebé con su papá.
Se supone que debería preguntarme a mi misma por qué tengo tanta ira, tanto enojo que dirijo mal hacia a personas o situaciones inadecuadas.
Bueno, lo qué pasa es que hace dos años y medio que se murió mi marido y todavía no procesé la bronca que me da que no esté más acá.
Todavía me acuerdo cada tanto las ganas que me daban de que me pise un auto cuando estaba cruzando la calle.
Pero además de eso toda su familia, toda la que fue mi familia política, dejó de hablarme cuando volví a ponerme en pareja. Supongo que fue por eso, porque hasta donde yo sé no les hice nada.
Me parece que mi psicóloga ya está cansada de que le hable de ellos. Que piensa que ya debería haberlo superado, pero la verdad es que no.
Estoy convencida de que a mis viejos les molesta que les diga que todavía sufro. Entonces me cambian de tema o me dicen que ahora “tengo una buena vida”.
En esencia, bastante seguido tengo ganas de decirles a todos que se vayan a la mierda. A mi familia política, a mi psicóloga, a mis viejos y a mi nuevo novio también, por no asumir que yo necesito hablar con él de todo esto, porque ya no me alcanza que me escuche en silencio.
Pensé que alguna vez iba a escribir todo esto al revés. Desde el principio. Contando cómo lo conocí a Emi, cómo nos enamoramos, cómo cambiamos los dos con la influencia positiva del otro. Cómo se enfermó, primero mi vieja y después él. Cómo la peleó y cómo lo acompañé. Cada vez que pensaba en eso me cansaba. Era imposible contar tanto.
Por momentos quería ponerlo en palabras para que todo el mundo supiera lo que pasamos. relatar cada quimioterapia, cada hospital, cada médico, cada estudio, toda la ansiedad, la desesperación. La desesperación sobre todo. Y después el vacío.
Pero ahí entendí en concreto esa frase que siempre me pareció hecha, falsa “sólo lo entiende el que lo vivió”.
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