Es temprano, está fresco. Vamos
en taxi, Emi y yo, con un bolso y las camperas. Estamos en camino al hospital.
Es su quinta internación, tal vez la última, tal vez no. Otra de tantas
incertidumbres que, para ser sincera, a esta altura ya no me desvela.
Nos despertamos hace una hora,
pero estamos cansados. Es un cansancio raro, que no viene del cuerpo sino de
otro lado. Ninguno de los dos lo dice, pero los dos sabemos de ese cansancio.
El taxi se desplaza y yo miro la
ciudad con otros ojos. Veo cosas que no conocía, aunque el camino sea el mismo
que hice ya muchísimas veces. Por momentos siento que estoy en una película o
en una novela. Aunque no entiendo bien todavía de qué viene la cosa. Si mi vida
fuera una película, todavía no estoy segura de si sería un drama, una comedia,
o algún invento del cine independiente que cuando se termina nadie está muy seguro
de qué fue exactamente lo que quiso transmitir.
Yo también tengo mis luchas, mis
batallas. Están las de todos los días y las que vienen desde antiguo. Las que
enfrento sola y las que sobrellevo acompañada. Por suerte, en muchas estoy
acompañada; con un compañero que me agarra del brazo cuando me estoy por caer,
o con todo un ejército que me cuida las espaldas de una forma inexplicable.
Algunas de las más complicadas, son contra mí misma. Varias, sé que van a durar
todo lo que dure mi vida.
Avanzamos en el taxi, y
–efectivamente- siento que voy a dar batalla.
Siempre me gustó pisar sobre
seguro, y si bien en la vida no se puede estar seguro de nada, creo que en esta
llevo las de ganar. Se me ocurre pensar que es una carrera de resistencia, gran
parte del éxito consiste en aguantar lo que dure, un poco más.
La canción que suena en la radio
que sintonizó el chofer, dice “y aunque
todo no se puede, voy a dar lo que me quede…y que dure para siempre…” y yo
pienso que es así, todo no se puede pero yo voy a dar lo que me quede.
Son las 8 y media de la mañana, y
la sensación es rara. No sé qué estará pensando o sintiendo Emi, pero yo sólo
sé que aunque esté cansada, todavía tengo cosas para dar.
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