Tengo un dolor en el pecho
al que quisiera cavarle una tumba.
Tirar tierra encima
apisonarla,
esperar hasta que crezca el pasto.
Que se llene de flores
y en primavera,
cuando lleguen las mariposas
bailar y probar nuevos juegos en ese jardín.
Pero aún si pudiera hacerlo
estoy segura,
me convertiría en lluvia.
Cientos de gotas filtrándose
por las ínfimas grietas laberínticas,
llegando otra vez a ese espacio que arde,
desnudo.
Hasta convertirme de nuevo en esta masa
sin forma ni sentido.
En este estanque pantanoso
que te llora cuando duerme.
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